Volviendo a la metáfora del árbol torcido, hay una pregunta que suele surgir cuando hablamos de la rigidez y las estructuras que nos forjamos para sobrevivir a la intemperie:
Si el “árbol torcido” aprendiera a doblarse con el viento sin romperse… ¿qué cambiaría exactamente en su forma de vivir?
La respuesta parte de una premisa inquebrantable: el árbol ya está torcido y su base no puede cambiarse. Sin embargo, puede optar por nuevas formas. Mejor dicho, puede redirigir esa curva hacia otro lado aprendiendo a ser más flexible.
Entiendo perfectamente que permanecer rígido, bajo la constante presión del viento y del tiempo, puede terminar estampándome contra el suelo. Si conforme voy creciendo y torciéndome más termino derribado, jamás podré alcanzar la luz del sol. Teniendo esto claro, la única opción lógica es aprender a flexionarme hacia el lado correcto. Y la dirección correcta siempre es hacia la luz.
Pero, ¿qué representa la luz? ¿Es éxito, estabilidad, paz, conocimiento, o algo más difícil de definir?
Creo que esa luz lo engloba todo. Si tienes conocimiento, adquieres estabilidad (que bien puede traducirse, por ejemplo, en estabilidad laboral). Al tener esa base, puedes superarte y alcanzar un éxito personal que, en última instancia, te lleve a la paz.
Si bien este es un enfoque pragmático, la luz también representa el instinto de escapar de la oscuridad. Como mencioné anteriormente en la analogía del faro, uno siempre está en la constante búsqueda de la luz, ya sea persiguiendo metas profesionales o buscando la felicidad familiar. Visto desde un concepto global: nadie puede subsistir sin luz.
Esto nos lleva a una encrucijada existencial: ¿El árbol crece hacia la luz porque la necesita por pura biología, o porque la eligió conscientemente como dirección?
Pienso que es una mezcla intrínseca de necesidad y consciencia. En la naturaleza, un árbol necesita la luz para vivir; sin ella, se marchitaría tarde o temprano. Si el árbol aún es un retoño, la necesita desesperadamente para crecer.
En nuestra vida, cuando tenemos un enfoque o metas claras, buscamos esa luz. Buscamos ese faro que nos apunte hacia dónde debemos avanzar. Cuando enfrentamos problemas y a veces nos encontramos en medio de una tormenta sin saber a quién recurrir, es nuestro refugio interior y la introspección profunda lo que nos permite vislumbrar esa luz. Es en ese exacto momento cuando salimos a buscarla de forma consciente.
Si le preguntas a la mayoría de las personas: “Oye, si la luz fuera el éxito absoluto, ¿irías hacia allá?”, la inmensa mayoría te diría que sí sin titubear.
Pero aquí es donde volvemos a la misma pared lógica: ¿Qué es el éxito? ¿Ganar más dinero? ¿Tener reconocimiento social?
Es precisamente ahí cuando necesitamos detenernos y evaluar nuestro camino de manera consciente. No se trata simplemente de crecer por inercia, sino de elegir hacia qué tipo de luz estamos doblando nuestras ramas.
